lunes, 16 de marzo de 2020

La danza de la lluvia








Título: La danza de la lluvia
Autor: Eugenio Asensio
Precio papel tapa blanda: 5,76 €
Precio e-book: 1,75 €
Número págs.: 125
ISBN-13: 979-8614738266
     

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Una anécdota, la sinopsis y un fragmento

La danza de la lluvia ganó el premio internacional Casa de Teatro, celebrado en la República Dominicana.

Una de las muchas anécdotas en torno a la obra que hoy presento en el blog es la que se refiere al momento en el que se me comunicó que yo había ganado el Premio Internacional Casa de Teatro. Un mensajero llamó a mi puerta con una carta a nombre de alguien que yo desconocía; sin embargo, el apellido de ese destinatario, casualmente, era el mismo que el de mi madre, aun siendo poco común. El mensajero, extrañado, se marchó y yo me quedé con una gran perplejidad. Al día siguiente encontré en el buzón una notificación para que me presentara en una oficina de mensajería para recoger un sobre, y, una vez más, dirigido al mismo nombre que el día anterior había mencionado el mensajero; pero además, esa nota decía que el sobre que yo tendría que ir a recoger venía de la República Dominicana. Ahí empecé a atar cabos, como que ese nombre podría haber sido el seudónimo con el que yo  firmé la pieza que había enviado al certamen de Casa de Teatro. Todo me condujo a la posibilidad de lo que después se confirmaría, que había ganado el susodicho premio.


 *          *          *

Valentín García Pimentel, parado, ha sido llamado por la Wilson Corporation SLPK, una multinacional tabaquera, para lo que él supone una entrevista de trabajo. Irá respondiendo a las diferentes preguntas que le dicte una voz con acento inglés de EE.UU., a la vez que deberá realizar una serie de pruebas que se le pedirán, e incluso, cada vez que la voz lo considere oportuno, a Valentín se le realizará una extracción de sangre que servirá para completar el estudio que la compañía lleva a cabo. Todas las pruebas se combinan con fumar determinados cigarrillos en experimentación. Cuando el protagonista desea interrumpir el experimento: resulta que no puede salir. La voz le propone que colabore a cambio de un incentivo que no se especifica en qué consistirá. Valentín acepta y sigue adelante. Esta obra de teatro contemporáneo parte de un hecho cotidiano para abarcar aspectos sociales y existenciales. El humor nos acerca el personaje, si nos reímos de este, al poco nos arrepentimos de haberlo hecho. Valentín no deja de ser un personaje que predica su honradez desde la barra de un bar.    
       

Fragmento de la obra teatral La danza de la lluvia



FOWLES: Me deja usted con la boca cerrada.
VALENTÍN: Abierta; querrá decir con la boca abierta.
FOWLES: Es que me confundo con la expresión sin palabras, que para mí es quedarse con la boca cerrada.
VALENTÍN: Para que no se confunda puede decir (imitándolo) me deja boquiabierto.
FOWLES: ¿Sabe usted cuánto pesa una pelota?
VALENTÍN: ¿En gramos o en onzas?
FOWLES: En gramos, por ejemplo.
VALENTÍN: Su peso oscila desde 56'70 a 58'47 gramos.
FOWLES: La siguiente pregunta no la sabrá.
VALENTÍN: Apueste algo.
FOWLES: Sería muy fácil ganarle, y además, ¿qué tiene usted que pueda interesarme?
VALENTÍN: Me tengo a mí, que por lo visto soy muy importante para la realización de la prueba.
FOWLES: A usted, para entendernos, ya lo tengo.
VALENTÍN: ¿Y el riesgo de apostar? ¿Le parece poco interesante la emoción de una apuesta? Usted conoce la pregunta —esa es su gran ventaja—, y por lo visto está seguro de que yo no sabré la respuesta; sin embargo, yo, que desconozco la pregunta, estoy convencido de que sabré responder. ¿Se atreve?
FOWLES: Le repito que no me ofrece nada interesante.
VALENTÍN: ¿Es interesante mi vida o acaso también la tienen?
FOWLES: (Se ríe). En cierto modo, sí. Seguro que piensa que no va a salir de aquí.
VALENTÍN: Usted sabrá lo que tiene pensado, aunque siempre está a tiempo de realizar una buena acción. En este caso, la buena acción puede ser la apuesta. ¿Qué me dice?
FOWLES: Supongamos que acepto el reto, qué pide a cambio.
VALENTÍN: Que se abra esa puerta y todas las que me encuentre hasta la calle, que se olviden de Valentín García Pimentel, y en cuanto al dinero, lo comido por lo servido.
FOWLES: Si quisiera creerme cuando le digo que la prueba está a punto de finalizar, tal vez se relajaría y nos entenderíamos mejor.
VALENTÍN: Yo prefiero la apuesta. No me apetece continuar.
FOWLES: ¿Porque está asustado? Ok, acepto la apuesta. Vamos con la pregunta. Dígame, ¿cuál es el diámetro de una pelota de tenis?
VALENTÍN: (Señalando hacia la puerta). ¡Ábrete, Sésamo! (Pausa). Voy a repetirlo, porque me parece que la puerta es un poco sorda. ¡Ábrete, Sésamo!
FOWLES: De momento conteste, ¿o es que no lo sabe?
VALENTÍN: Preste atención porque no se lo voy a repetir. Es una oportunidad única en su vida para escuchar la respuesta de un genio. ¿Le va bien en centímetros?
FOWLES: Me va estupendamente.
VALENTÍN: Allá va: (lentamente) el diámetro de una pelota de tenis varía desde 6'35 hasta 6'67 centímetros.
FOWLES: Lo siento, señor García, pero no son esos los datos que yo tengo. Ha perdido la apuesta.
VALENTÍN: Perdone usted, pero esos sí son los datos: de 6'35 a 6'67 centímetros de diámetro. Lo que tendría que hacer es verificar sus notas.
FOWLES: Era de esperar, no sabe perder y se irrita. ¿Y ahora qué va a pasar? Como soy el dueño de su vida, cuando acabemos la prueba, ¿sabe qué voy a hacer? Para que esté algo más contento lo voy a empaquetar y lo voy a enviar, ¿le parece bien a Cuba? Como ve, no tenía nada que pudiera interesarme; sin embargo, es un derecho que me reservo.
VALENTÍN: Usted sabe, Fowles, que he contestado correctamente; claro, otra cosa es abrir la puerta.
FOWLES: Mejor será que prosigamos, que nos acerquemos al momento de la verdadera apertura. Ya no me atrevo a preguntarle nada más sobre el tenis. Me ha demostrado que es un verdadero especialista.
VALENTÍN: No joda, Fowles. Pues pregúnteme algo que yo no sepa. Qué quiere que le diga.
FOWLES: No. Mejor pasamos a otras cuestiones vinculadas con nuestro trabajo.
VALENTÍN: No me cambie de cuestiones, que lo del tenis es algo que me sé. Pregúnteme..., no sé..., por ejemplo, quién ha ganado más veces el torneo de Wimbledon, o quién fue Dwight F. Davis.
FOWLES: Ya me lo ha demostrado, Valentín: es un entendido del tenis.
VALENTÍN: (Con cierta vehemencia). Las dimensiones del campo se enmarcan en unas líneas blancas que delimitan la extensión de veintitrés metros con setenta y siete de largo por una anchura de ocho metros con veintitrés, para los partidos individuales, siendo de diez noventa y siete la anchura para el juego de dobles. Pregunte, Fowles. Pregunte.
FOWLES: No. Ya está bien de tenis.
VALENTÍN: (Vehemencia in crescendo). La pista puede ser, bien de hierba, bien de tierra batida; aunque en raras ocasiones es de madera o cemento. Ese rectángulo se divide por una red de un metro con seis de altura, y que a su vez separa el espacio de los contrincantes.
FOWLES: (Cínico). Qué interesante.
VALENTÍN: (Vehemencia en su máxima expresión). Un árbitro es el encargado de dirigir los encuentros, ayudado por cuatro jueces situados en las líneas. En el tenis no se puede empatar, por lo menos, la ventaja ha de ser de dos faltas; así, pues, el tiempo no puede establecerse, pudiendo prolongarse el encuentro todo lo que fuere necesario.
           
            Al acabar sus palabras, VALENTÍN lanza el cigarrillo contra el suelo, se acerca a la vitrina y de un manotazo tira las cajetillas al suelo. Camina dibujando círculos en su marcha. Está tan excitado que buscará un cigarrillo de la segunda cajetilla. Lo encontrará y lo encenderá para relajarse. Se sienta en tierra. Cuando esto haya sucedido entrará NANCY y ordenará el desorden que ha causado VALENTÍN.
            Nadie dice nada, ni siquiera VALENTÍN mira a la SECRETARIA, se limita a calmarse ayudado por el efecto del cigarrillo de la segunda cajetilla. Ella sale.

VALENTÍN: (Sin mirar hacia la luz que representa a FOWLES). Por favor, no diga absolutamente nada. Estoy fumando un cigarrillo de la segunda cajetilla para relajarme, ¿he hecho bien? No, por favor, no se le ocurra contestarme, lo haré yo en su lugar: sí, he hecho lo que debía hacer. Ahora me siento mucho mejor, parece que todos mis malos pensamientos me han abandonado. (Algo más relajado). Ahora voy a demostrar que no soy como he evidenciado ser, sino todo lo contrario. Estoy dispuesto a cambiar de actitud, a participar positivamente en la prueba porque quiero llevarme el incentivo, porque quiero entrar en casa y ver la cara de mi mujer cuando le entregue el dinero y, por supuesto, el incentivo (que ya sé que no necesariamente ha de ser dinero, que puede ser otra cosa, pero que también puede ser dinero). ¡Ah, sí! Me parece una tontería pensar que no voy a salir del laboratory. De aquí se puede entrar y salir perfectamente, vamos, como Pedro por su casa, no sé si entiende la expresión. Bueno, de cualquier manera, todavía no me diga nada, haga el favor. Ahora, para acabar de relajarme y para recuperar las fuerzas perdidas, me voy a comer un Pasti-Colito y me voy a beber una Music-Cola, todo eso protegido por su maravilloso silencio.




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