miércoles, 28 de octubre de 2015

La más bella niña


Luis de Góngora (1580)



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La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy vïuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos 5              a la guerra van,
a su madre dice,
que escucha su mal:
«Dejadme llorar
Orillas del mar. 10

»Pues me distes, madre,
en tan tierna edad
tan corto el placer,
tan largo el pesar,
y me cautivastes 15
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad,
Dejadme llorar
Orillas del mar. 20

»En llorar conviertan
mis ojos, de hoy más,[1]                          
el sabroso[2] oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden 25
mejor ocupar,
yéndose a la guerra
quien era mi paz,
Dejadme llorar
Orillas del mar. 30

»No me pongáis freno
ni queráis culpar,
que lo uno es justo,
Resultado de imagen de guerralo otro por demás;
si me queréis bien, 35
no me hagáis mal;
harto peor fuera
morir y callar,
Dejadme llorar
Orillas del mar. 40

»Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces 45
viendo marchitar
los más verdes años
de mi mocedad?
Dejadme llorar
Orillas del mar. 50

Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean 55
tanta soledad,
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dejadme llorar
Orillas del mar».60




Contextualización
Barroco
Corrientes poéticas
Culteranismo
Poesía culta y poesía tradicional

Introducción

El autor del poema es Luis de Góngora y Argote (1561-1627). La fecha de composición es la de 1580. Aunque solemos ver en Góngora al autor barroco por excelencia, lo es también de numerosos poemas de corte popular[3], alejados de la estética barroca. El ejemplo que vamos a comentar pertenecería al segundo grupo.

Tema

Los lamentos de una joven ante su madre porque el amado se va a la guerra.

Estructura externa

Se trata de un poema de versos cortos, si distante de la vertiente más oscura y compleja de Góngora, al mismo tiempo, alejado de los metros de origen italiano; es decir, no se trata de una creación característica de la poesía culterana, sino que por el contrario, se trata de versos con características que enlazan con cierta tradición lírica de carácter popular.
            La composición se estructura en seis estrofas cuyos dos últimos versos de cada una de ellas forman un estribillo. Los versos son hexasílabos y la rima es asonante en los versos pares, quedando de esta forma libres los impares, salvo en el estribillo, que resulta ser un pareado, pero con rima consonante. Por todo ello, podemos afirmar que los presentes versos de Góngora forman un romance corto, también conocido como romancillo. La estructura métrica quedaría así: ─, a, ─, a, ─, a, ─, a, a, a.

Estructura interna

La composición se divide en dos partes. En la primera, que se corresponde con la primera estrofa, se nos habla desde el final de lo acontecido. Está escrita en tercera persona, como si un narrador nos introdujera al personaje que después expondrá su situación. En esta primera parte se nos presenta a la joven que se lamenta, es más, se nos comunica el porqué de la desgracia de la muchacha. En la segunda parte del poema nos encontramos con el resto de los versos, en los que siempre le habla la joven a su madre, en primera persona, sobre la pena que la está acongojando. Esta segunda parte se podría dividir en dos subapartados, uno para la segunda estrofa, donde leemos el reproche hacia la madre, pues, probablemente, ella sería quien propondría esa relación entre la joven y el muchacho que ahora se va a la guerra, y que se interrumpe; y el segundo subapartado, hasta el final, donde leemos el propósito de mantener la pena, como si de un luto y una rebeldía se tratase; de ahí el derecho a llorar, aunque sea infructífero.

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Análisis

Se trata de un poema con características que arraigan en la tradición popular de la poesía española. La escena de una joven exponiendo su pena de amor ante la madre tiene un origen que nos remonta hasta los siglos X y XI, con las jarchas y, posteriormente, con las cantigas de amigo galaico-portuguesas, entre otras manifestaciones líricas.
            Desde los primeros versos vemos que se nos habla desde una situación final: «Hoy viuda y sola» (v. 3), aun así, sin transición, los versos pasan a situarnos en los momentos anteriores que explicarán el presente.
            Destaca en la primera estrofa la antítesis de los versos 3 y 4: «Hoy viuda y sola/ Y ayer por casar». Con este recurso el autor pretende mostrar la volatilidad del tiempo. Incide en el paso veloz de unas circunstancias a otras, lo cual nos llevaría a entender que, además de presentarnos la antítesis, también nos presenta una hipérbole.
            Otro elemento destacado es la sinécdoque, presente en los versos 5 y 6: «viendo que sus ojos/ a la guerra van». Los ojos son la parte que representan el todo. Siendo los ojos, además, parte de ella, que se van con él. Son los ojos un lugar lírico que recoge la sensibilidad, la expresión, la belleza y con la vista, la vida; con lo cual será esa enumeración todo lo que ella pierde.
            Es en esta estrofa donde encontramos el inicio del largo apóstrofe en el que la joven se dirige a la madre, y que se continúa a lo largo de todo el poema.
            Ya en la segunda estrofa y continuando con el apóstrofe, vemos cierta acumulación de recursos en un par de versos (13 y 14). Destaca en ellos la utilización, de nuevo, de la antítesis, que es a la vez, también estructura paralelística: «tan corto el placer / tan largo el pesar» (vv. 13 y 14). Con ello se intensifica el ritmo prosódico, con lo cual se acentúa el significado de las palabras que utiliza el poeta para conmovernos.
            Otro aspecto destacado que aporta dramatismo a la historia de la muchacha es el que incide en la juventud de la protagonista. Leemos: «en tan tierna edad» (v. 12). Sabemos que la historia que se nos cuenta es triste, pero el poeta no pretende ahorrarnos nuestra implicación como lectores. No se dice corta edad, sino «tierna», con todas las connotaciones que encierra la palabra, lo que implica ciertos semas de compasión hacia la protagonista del suceso.
            En toda la estrofa las palabras de la joven intentan, en parte, culpar a la madre por las desgracias que ahora está padeciendo. De ahí los versos: «Pues me distes, madre» (v. 11 y siguientes), «y me cautivastes /de quien hoy se va» (vv. 15 y 16). Se entiende que la madre tuvo una implicación activa en la unión entre la joven y quien se marcha a la guerra.
            La presencia del polisíndeton de los versos 15 y 17 aportan insistencia y énfasis, ralentizan lo que pasa delante de nuestros ojos. Es parte de una enumeración que incrementa, a ojos de los lectores, la intensidad dramática. En esta misma línea, valga la pena detenerse en las anáforas con el término, «tan», con el término «de» y, retomando el polisíndeton, también, el término «y».
            La estrofa se cierra con una hipérbole que refuerza la idea central del dolor de la joven. Leemos: «y lleva las llaves /  de mi libertad» (vv. 17 y 18).
            En la tercera estrofa, por una parte, la muchacha muestra la voluntad de sacrificarse, como si con su llorar no solo quisiera expresar el dolor por una ausencia y su renuncia al mundo; además, se trata de una manifestación de su inconformidad o un punto de rebeldía por la ruptura que provoca la guerra. En realidad es una actitud que ya está presente en el estribillo.
            La estrofa se estructura en un hipérbaton, cuyo orden lógico podría ser: «De hoy más (de ahora en adelante), mis ojos conviertan el sabroso oficio del dulce mirar, en llanto».
            De nuevo nos volvemos a encontrar con la antítesis: «yéndose a la guerra / quien era mi paz» (vv. 27 y 28). El contraste que se nos muestra se suma a la gravedad de la situación con una considerable contundencia.
            Consideramos importante detenernos en el verso 24: «del dulce mirar». Llama la atención ese sintagma en el que observamos la presencia de una sinestesia. Se pretende mostrar la sensación propia de otros momentos más felices, que como tales, se pueden suponer dulces; a partir de ahora, con la ausencia del ser amado, dejarán de serlo.
            Entrados ya en la siguiente estrofa, la cuarta, podríamos pensar que la madre, aunque no estén presentes sus intervenciones, intenta consolarla, a lo cual la joven replica con los versos de esta serie. Cuando leemos: «que lo uno es justo, / lo otro por demás.» (vv. 33 y 34), observamos que son versos bien nutridos de significado. En las expresiones «lo uno» y «lo otro» no se mantiene un antecedente claro, pero interpretamos que en «lo uno» se refiere a las palabras de la madre, aunque no se lean, que se relacionarían con la posibilidad de pedirle que ya no llorase; es decir, que no sufriera; en «lo otro», la joven se está refiriendo a su firmeza en seguir llorando, de ahí el énfasis en «por demás». Es más, para la joven, el llanto es necesidad, como ya comentamos en lo referente a la tercera estrofa.
            Entre los recursos utilizados en este fragmento, destaca una vez más el paralelismo. En este caso nos encontramos con una doble estructura paralelística. El primero, para los versos apuntados (33 y 34), y el segundo, para los dos versos siguientes; así como la antítesis en los versos 35 y 36. Las dos estructuras paralelas encierran, además, una antítesis, para reforzar el efectismo de los versos. El paralelismo acentúa el ritmo, de esta manera se subrayan los contenidos de los vocablos escogidos.
            Antes comentábamos la rebeldía de la mujer que teme perder al marido. En los últimos versos de la estrofa parece que se corrobora la idea: «harto peor fuera / morir y callar,» (vv. 37 y 38) 
            Ya casi en el final del poema nos encontramos con la quinta estrofa. Casi toda ella la abarca una interrogación retórica. En la interrogación destacan sentimientos que ya habían ido apareciendo a lo largo del poema. En esta estrofa se corrobora el objetivo de conmover a quien escuchase la historia de la joven. Destaca el símil «como un pedernal» para dirigirse a quien no se conmoviera. Ese hipotético ser se sitúa en las antípodas de lo imaginable, pues es tal la magnitud del dolor, que no puede existir alguien que no quede afectado.
            En los tres últimos versos presenciamos el uso de una imagen que nos traslada al mundo vegetal. Se funde la fragilidad de las flores con la juventud de quien nos habla. Repasamos «marchitar» y «verdes años». En ambos se entiende juventud y lozanía, con lo cual resulta más injusta la separación y la consecuencia de la guerra.
            Se cierra el poema con la sexta estrofa. Antes hablábamos de renunciar al mundo por parte de la joven, y en esta estrofa se reafirma. También se retoma la palabra «ojos» (v. 53), siendo utilizada como sinécdoque, con igual sentido que en versos de más arriba.
            Asimismo, nos encontramos con una doble anáfora: «váyanse» y «los», que inciden en la musicalidad de los versos, así como en la insistencia de la muchacha en mostrar su dolorosa situación.






Conclusión

Estamos ante un poema que nos traslada a la lírica popular, tanto en la forma, como en el tratamiento: habla una mujer, la presencia de la madre, estribillo de amplias resonancias… La mujer no se resigna a vivir las circunstancias presentes, por lo que se rebela con su llanto. Los recursos destacados se repiten en diferentes ocasiones: paralelismo, antítesis, siempre para resaltar el dolor, pues su esposo ha de ir a la guerra, así como su rebeldía que se manifiesta en sus lamentos. Mención especial hay que dedicar a la musicalidad, resaltada no solo con la rima, sino también en los paralelismos y en las anáforas.

Webgrafía







[1] A partir de hoy.
[2] Según DRAE: Delicioso, gustoso, deleitable al ánimo.
[3] Recordemos los apellidos de sus padres: Francisco de Argote, y de la dama de la nobleza, Leonor de Góngora.

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