jueves, 1 de octubre de 2015

Escrito está en mi alma



Contextualización
 
·        Soneto petrarquista.
·        Neoplatonismo.
·        Presencia trovadoresca (conceptismo).




Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto
Y cuanto yo escribir de vos deseo:
Vos sola lo escribisteis; yo lo leo
Tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
De tanto bien lo que no entiendo creo,
Tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
Mi alma os ha cortado a su medida;
Por hábito del alma misma os quiero;

Cuanto tengo confieso yo deberos;
Por vos nací, por vos tengo la vida,
Por vos he de morir, y por vos muero.


·        Introducción

(Ver las introducciones a los comentarios anteriores) Podemos pensar que la composición está inspirada por Isabel Freyre, dama portuguesa, acompañante de Isabel de Portugal, de la que Garcilaso de la Vega estuvo enamorado y a la que dedica gran parte de su creación poética.

·        Tema

El poema gira en torno al tema del amor. La veneración del poeta hacia la mujer del poema es fervorosa, como si de una deidad se tratase. Casi un misticismo empuja al poeta en su devoción que, con una fe ciega, se vuelca con todas las consecuencias hacia la dama.

·        Estructura externa

Nos encontramos frente un soneto cuya estructura entendemos como clásica: ABBA/ ABBA/ CDE/ CDE. Los versos, como no podían ser de otra manera, son endecasílabos, de rima consonante. Como es habitual en los versos de Garcilaso, la presencia del encabalgamiento es absoluta.

·        Estructura interna

En cuanto a las partes que componen internamente el poema, ciertamente, nos lleva a plantearnos algunas dudas, pues la continuidad que se establece desde el primer verso hasta el final del soneto va progresando en un concierto unitario. De cualquier modo, a pesar de la susodicha unidad, todavía podemos estructurarlo en dos partes, a tenor de cierta variabilidad en el tratamiento, así como la progresión del amor, aquí entendido como una enfermedad que provoca incluso la muerte en el poeta. La primera parte coincide con los cuartetos, que se unen en el sentido reforzándose en la anadiplosis, en esto, como final del primer cuarteto y En esto para encabezar el segundo cuarteto. Aquí el poeta confiesa su nulidad frente a lo que representa la dama. El poeta delega su vida y su alma a la mujer del poema. Esta misma idea se refuerza en los tercetos, de ahí la dificultad en estructurar el poema, si acaso, la diferencia, lo que nos lleva a separar en partes, sería la intensificación del poder de la dama sobre el poeta, o sea, la consecuencia, que es la progresión de la enfermedad hasta culminar en la muerte.

 
·         Análisis

Entre los diferentes elementos que nos llaman la atención dentro del primer cuarteto encontramos la insistente presencia tanto del poeta como de la dama. Además, ambas presencias se muestran en equilibrio, pues en cada verso observamos, verbal, pronominalmente o mediante el posesivo, tanto la aparición del poeta, como la de la mujer. Hablábamos de «insistente presencia», hasta el punto de crear toda una dialéctica que se extenderá a lo largo del poema, a pesar de que la voz de ella y su actitud sean conocidas, nada más que a través de las palabras de él. El recurso destacado que emplea el poeta no es otro que el del apóstrofe, presente en todo el soneto.
                            
                               «Escrito está en mi alma vuestro gesto
                                Y cuanto yo escribir de vos deseo:
                                Vos sola lo escribisteis; yo lo leo
                                Tan solo que aun de vos me guardo en esto».

            A través de la derivación «Escrito», «escribir» «escribisteis»[1] se canaliza el denominador común en la estrofa, y que conducirá los deseos y temores del poeta. No olvidemos la hipérbole del primer verso, inicio de otras que irán jalonando el poema. Por otro lado, el juego de palabras que emplea Garcilaso no está muy alejado de cierto juego conceptista propio de la tradición trovadoresca y del cancionero. No es casual que la primera palabra del poema sea «Escrito», es decir, el refuerzo de la acción a través del hipérbaton. A ello hemos de sumar el ritmo que se crea con el uso de la aliteración de la o. La o recorre toda la estrofa, pero adquiere su principal fuerza en los vocablos «yo» y «vos», que representan a los actores protagonistas del poema, con lo cual, consideramos que es una forma de reforzar ambas presencias: la lucha entre fusión y a la vez contraste. No podemos obviar el uso de la /s/ en este cuarteto, cuyo valor aliterativo se ha asociado al susurro, en la forma como suponemos que el poeta se dirige a la dama, reforzando la confidencialidad.
De la estrofa en general entendemos que es un ejercicio de introspección, resultado del bucear del poeta en su interior y emerger con ese conocimiento que nos presenta en los cuatro versos.
Otro aspecto perceptible es la antítesis. Al decir «Escrito está en mi alma en vuestro gesto», entendemos que despierta emociones positivas; sin embargo se contrasta con el último verso, que rezuma desconfianza.
«Tan solo que aun de vos me guardo en esto»
Una vez más, Garcilaso nos deja ver que es un poeta de contrastes, que lucha entre el deseo y la realidad, cuya consecuencia se revelará en el segundo terceto.
En el segundo cuarteto, leemos:
«Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo».
Sobre este verso, la amada aporta a los sentimientos del poeta una emoción inconmensurable. Los valores que encuentra en la mujer son de tal magnitud que él no puede abarcar, si es que eso fuera posible. Empezamos a comprender que para el poeta, ella está dotada de una espiritualidad desbordante. A ello le sumamos las alusiones encontradas en la primera estrofa sobre el alma y no queda más que elevar a la dama a una categoría sobrehumana. Los perfiles de ella son envolventes, emocionalmente platónicos, lo cual alcanza todavía mayor dimensión en los versos

                           «De tanto bien lo que no entiendo creo,
                             Tomando ya la fe por presupuesto».

 
Paisaje recorrido por el río Tajo

Mediante el hipérbaton (v. 7), Garcilaso de la Vega irrumpe como el poeta de lo inefable[2], si no es capaz de entender, tampoco lo es de decir.
            El poeta no tiene palabras para verbalizar el sentimiento, además, tal opción resultará imposible, pues es la razón la que no alcanza su cometido. De hecho, es en esta confesión donde comprendemos la intensidad amorosa del poema, donde el razonamiento no es lo suficientemente útil para ayudarnos a discernir, por lo que es preciso dar paso a la «fe». Con ello entramos en la equiparación de la dama con lo sagrado, ya hemos aludido al neoplatonismo, pero no olvidemos las resonancias de la poesía trovadoresca y de cancionero (ya aludidas), que estuvieron muy presentes en el Renacimiento, pues en esos términos se escuchan los ecos que con total seguridad, en la época de Garcilaso todavía reverberaban y cuyo puente se muestra también en el Prerrenacimiento; nos referimos a los que se recogen en La Celestina[3].
            Los tercetos nos hablan de la entrega total del poeta hacia su amada. Si en los cuartetos sacralizaba la imagen de la mujer, entrados ya en una segunda fase de esta experiencia, solo quedaba caminar hacia la fusión del poeta con la mujer, como si se tratase de la tercera vía de la mística, la unitiva. También aquí puede realizarse una lectura a lo divino: se habla del alma (la del poeta), del amor y de la fusión entre el alma y la fuente de ese amor, la dama, quien escribe en el alma del poeta y acaba confundiéndose con él. 

     «Mi alma os ha cortado a su medida;
      Por hábito del alma misma os quiero».

            Desde el primer verso del primer terceto, confiesa el poeta esa dependencia amorosa a través de la hipérbole:                       
     «Yo no nací sino para quereros».

Vuelven a aparecer otras hipérboles en el segundo terceto, podríamos afirmar que una por verso, que muestran la intensificación amorosa. 

       «Cuanto tengo confieso yo deberos;
         Por vos nací, por vos tengo la vida,
         Por vos he de morir, y por vos muero».

  
Para esta progresión, Garcilaso de la Vega se vale de la anáfora. Dirá «Por vos» hasta en cuatro ocasiones, dos al comenzar los versos 13 y 14, y dos más como anáfora interna de estos mismos versos, lo cual aporta insistencia y acelera el ritmo, es más, gana velocidad para lanzarse a la última palabra del poema, la que queda resonando en el lector: «muero». Esta última palabra es donde desemboca el poema, es la consecuencia en el poeta, debido al amor no correspondido. El autor no solo se ha valido de la hipérbole, también del ritmo que impone la anáfora y, además, de la intensificación que aporta el políptoton, «morir», «muero», que se suma, con el mismo cometido, a la gradación que va desde la perífrasis. «he de morir», como posibilidad, a la afirmación, «muero».

·        Conclusión

El poema de Garcilaso de la Vega se ajusta a la idea renacentista, tanto en el perfil de la dama como en la consecuencia que recibe su amador. Los versos se desarrollan en una estructura creciente que espera a la última palabra como si fuese el último golpe verbal que se reservaba para el lector. Entre los recursos más destacados encontramos: el hipérbaton y la hipérbole, envuelto siempre en la fuerza del apóstrofe. En ambos se pretende destacar el dolor con el que convive el poeta, así como la capacidad de la dama para transformar al doliente enamorado. Parece que el poema canaliza una serie de afluentes cuyo torrente final se recoge en el último verso.
      Otro recurso destacado es el de la concepción de la amada como ser entre espiritual y sagrado, lo cual le obliga a rendirle un culto amoroso, básicamente, religioso.



[1] El Políptoton, Polípote, Figura Etimológica o Derivación es una misma figura retórica que consiste en la repetición de una misma palabra con diferentes morfemas flexivos (masculino, femenino, singular, plural, modo verbal...)

[2] En ocasiones, hablar de lo inefable es hablar del Romanticismo. En este caso, podríamos hablar de la conexión de la literatura a pesar de la distancia de los siglos.
[3]«Melibeo soy, y a Melibea adoro, y en Melibea creo»

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