jueves, 8 de octubre de 2015




Oda I     
Oda a la vida retirada


1 ¡Qué descansada vida                                                10 y, como codiciosa,
la del que huye el mundanal ruïdo                                   por ver y acrecentar su hermosura,
y sigue la escondida                                                        desde la cumbre airosa
senda, por donde han ido                                                una fontana pura
los pocos sabios que en el mundo han sido;                  hasta llegar corriendo se apresura;

2 que no le enturbia el pecho                                         11 y, luego sosegada,
de los soberbios grandes el estado,                              el paso entre los árboles torciendo,
ni del dorado techo                                                         el suelo, de pasada,
se admira, fabricado                                                       de verdura vistiendo,
del sabio Moro, en jaspes sustentado!                           y con diversas flores va esparciendo.

3 No cura[1] si la fama                                                   12 El aire el huerto orea
canta con voz su nombre pregonera,                             y ofrece mil olores al sentido;
ni cura ni [2]encarama                                                     los árboles menea
la lengua [3]lisonjera                                                        con un manso ruido,
lo que condena la verdad sincera.                                   que del oro y del cetro pone olvido.

4 ¿Qué presta a mi contento,                                          13 Ténganse su tesoro
si soy del vano dedo señalado;                                        los que de un falso leño se confían;
si, en busca deste viento,                                                 no es mío ver el lloro
ando desalentado,                                                            de los que desconfían,                        
con ansias vivas, con mortal cuidado?                            cuando el cierzo[5] y el ábrego[6] porfían.

5 ¡Oh monte, oh fuente, oh río!                                      14 La combatida antena[7]
¡Oh secreto seguro, deleitoso!,                                       cruje, y en ciega noche el claro día
roto casi el navío,                                                             se torna; al cielo suena
a vuestro almo[4]  reposo                                                confusa vocería,           
huyo de aqueste mar tempestuoso.                                y la mar enriquecen a porfía.

6 Un no rompido sueño,                                                 15 A mí una pobrecilla
un día puro, alegre, libre quiero;                                      mesa, de amable paz bien abastada,
no quiero ver el ceño                                                       me baste; y la vajilla,
vanamente severo                                                          de fino oro labrada,
de a quien la sangre ensalza, o el dinero.                      sea de quien la mar no tiene airada.

7 Despiértenme las aves                                                16 Y mientras miserable-
con su cantar sabroso no aprendido;                              mente se están los otros abrasando
no los cuidados graves,                                                   con sed insaciable
de que es siempre seguido                                             del peligroso mando,
el que al ajeno arbitrio está atenido.                                tendido yo a la sombra esté cantando;

8 Vivir quiero conmigo;                                                  17 a la sombra tendido
gozar quiero del bien que debo al cielo,                         de hiedra y lauro eterno coronado,
a solas, sin testigo,                                                         puesto el atento oído
libre de amor, de celo,                                                    al son dulce, acordado,
de odio, de esperanzas, de recelo.                                del plectro[8] sabiamente meneado.
 
9 Del monte en la ladera,
por mi mano plantado, tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto;




[1] No le importa.
[2] Tiene el sentido de ensalzar.
[3] Halagadora.
[4] Entendemos que el autor le da el significado de benéfico.
[5] Viento septentrional más o menos inclinado a levante o a poniente, según la situación geográfica de la región en que sopla.
[6] Viento templado y húmedo del sudoeste, que trae las lluvias.
[7] Mástil.
[8] Palillo o púa que usaban los antiguos para tocar instrumentos de cuerda.



Contextualización  
                                   
Resultado de imagen de la flecha salamanca fraySegunda mitad del S.XVI.        
Poesía ascética y mística
El humanismo
Neoplatonismo
Contrarreforma

Introducción

La composición titulada Oda a la vida retirada pertenece al poeta Fray Luis de León, autor cuya obra se da a conocer a lo largo de la segunda mitad del S. XVI, es decir, en el Renacimiento. Observaremos aspectos que se pueden vincular con el neoplatonismo y además se funden con rasgos propios de la poesía ascética. La fecha de composición es incierta. Algunos estudiosos han afirmado que coincide con la retirada del emperador Carlos V al monasterio de Yuste, es decir, entre 1556-1557; otros eruditos sitúan su redacción final en una época posterior, hacia 1583. Si fuese así, entenderíamos que la redacción final se realizó después de la experiencia en prisión[1].

Tema 

El tema se ajusta a la idea clásica de menosprecio de corte y alabanza de aldea. El autor ensalza la vida solitaria frente a la vida insatisfecha de las pasiones y de la ambición, tema que enlaza con el tópico horaciano del beatus ille, así como el también latino, locus amoenus, entre otros.

Estructura externa

La composición de Fray Luis de León (1527 o 1528-1591) se ajusta a 17 liras. Estas siguen el canon habitual, es decir, la estructura 7a/11B/7a/7b/11B, con rima consonante. Llama la atención el primer verso de la estrofa 16,  que termina con la palabra «miserable» y se continúa en el verso siguiente el sufijo. Lemos:
«Y mientras miserable-
mente»
Otros aspectos significativos son las licencia métricas a las que recurre el autor,  concretamente, el uso de la diéresis. En el primer caso la encontramos en el segundo verso, «ruïdo», y en el segundo caso, «insacïable», palabra de la estrofa 16, tercer verso.
Recordemos que el primer autor español en utilizar la lira fue Garcilaso de la Vega, autor que marcó las pautas poéticas de tantos otros autores del S. XVI, muy leído por Fray Luis.

Estructura interna

El poema puede dividirse en cuatro partes. La primera la ocuparían las tres primeras liras, en las que el poeta habla en tercera persona para presentar un tipo de vida sencilla y alejada de las grandes aspiraciones humanas. Denota cierta impersonalidad para aportar un sentido universal. En esta primera parte podría hablarse de introducción, pues presenta el tema para después, en versos siguientes, entrar más a fondo.
A partir de la cuarta estrofa el poeta ya no nos habla en tercera persona, sino en primera: «soy», «huyo», «reposo»... De lo universal pasa a lo personal, lo cual abarcaría desde la lira cuatro hasta la ocho. En esta segunda parte, observamos que el autor hace suyo el tema, que aparecía menos personificado en las primeras liras. Ahora ya está totalmente inmerso en la intención, en el objetivo del texto. Estas estrofas expresan la aspiración del autor. Las liras, desde la novena a la duodécima, conforman la tercera parte. Tienen un carácter descriptivo y simbólico. Por un momento el poeta ha abandonado los aspectos de carácter universal e, indirectamente, también los vinculados a los anhelos propios sobre la vida sencilla.
La última parte del poema la forman las liras que van desde la décimo tercera a la décimo séptima. En este apartado, después de habernos presentado su  reflexión sobre aspectos generales y particulares, el poeta se detiene en contrastar deseo mundano y ambición con su propósito de una vida sin pretendas.

Análisis

El poema empieza con el énfasis propio del exclamativo «¡Qué», como primer elemento de la exclamación retórica que abarca las dos primeras liras. De esta manera comprendemos que el principio del poema es una expresión en voz alta, contundente, con toda la seguridad de quien la experiencia lo ha llevado a la certeza y por ello lo proclama enfáticamente, pues, lo considera una verdad universal.
      La primera estrofa aporta una valoración universal, decíamos, aspecto que se recoge gramaticalmente en el segundo verso a través de la subordinada adjetiva sustantivada, «el que huye del mundanal ruïdo», que se convierte en sujeto que mantendrá la concordancia con el verbo del tercer verso: «sigue».
            Destaca el uso de la metáfora fosilizada «senda», cuyo plano real se corresponde con el acierto en la decisión de seguir una vida concreta, lo cual se refuerza con el uso del adjetivo «escondida», pues no todos los mortales son capaces de hallarla, pues no se trata de algo siempre visible. De entre estos solo la pueden encontrar quienes son capaces de acertar; como dice el poeta, los «sabios», matizado con el uso del indefinido, «pocos». De ello se infiere la idea que se volverá a retomar, que no es otra que la de distanciarse de la multitud, del vulgo, y que enlaza con el pensamiento y la reflexión en cuanto a ejercicio interior. Esta idea se justifica en la antítesis que se crea entre el primer verso: «descansada vida» y «mundanal ruïdo» y que no cesará a lo largo del poema.
            En toda esta primera lira observamos que, en tres ocasiones, Fray Luis ha antepuesto el adjetivo al sustantivo (vv. 1, 2, 3). La finalidad no es otra que la de resaltar la cualidad que aporta el adjetivo al nombre al que acompaña. Así se subraya «descansada», «mundanal», «escondida», práctica que observamos a lo largo de toda la composición.
            Es la segunda lira la continuación de la expresión retórica de la primera; es decir, la continuación de las afirmaciones que leíamos arriba. También coincide con la primera en la anteposición de los adjetivos respecto a los sustantivos. Encontramos en esta un hipérbaton de cierta complejidad sintáctica: «que no le enturbia el pecho/ de los soberbios grandes el estado,/ ni del dorado techo/ se admira, fabricado/ del sabio Moro, en jaspes sustentado!», que trasladado a un orden sintáctico lógico, podría ser: el estado de los grandes soberbios no le enturbia el pecho, ni se admira del techo dorado,  fabricado del sabio Moro, en jaspe sustentado.
            Otro elemento destacado de esta segunda lira es el uso de la sinécdoque. Dice el poeta: «pecho» para decirnos que no le despierta ninguna pasión. Fray Luis pretende recoger el tradicional recorrido semántico: pecho, corazón, pasión, ambición.
            La primera parte del poema acaba en la tercera lira:

«No cura  si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura ni encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.»

Aquí resuena el sujeto que encontrábamos en la primera lira: «el que huye el mundanal ruido», el cual tiene su continuidad en el verbo: «cura». Fray Luis vuelve a utilizar el hipérbaton en dos ocasiones, aunque con menor complejidad que en la estrofa anterior: «canta con voz su nombre pregonera», cuya ordenación nos daría: canta su nombre con voz pregonera; y «la lengua lisonjera ni cura ni encarama lo que dice la verdad sincera.», para los tres últimos versos de la tercera estrofa.  El uso que Fray Luis hace del hipérbaton es realmente magistral, pues, sin llegar al barroquismo, consigue resaltar las palabras deseadas.
Decíamos que en la segunda parte del poema incluíamos desde la cuarta lira hasta la octava. Destacan estas estrofas porque el poeta deja las apreciaciones de tipo universal para centrarse en sus anhelos personales, lo cual constatábamos en el uso de los verbos en primera persona. Empieza con una interrogación retórica en la que se cuestionan las aportaciones de la vida en común. De hecho, podríamos entender que en la quinta lira se responde también retóricamente: «¡Oh monte, oh fuente, oh río!», presentando la alternativa al afán humano, que no es otra que lo que ofrece la naturaleza; además de forma anafórica y enfática a través de la interjección «Oh». Será denominador común en todo el poema la respuesta que nos traslada a la naturaleza más armoniosa y sencilla, frente a la inquietud, la ambición y el afán por medrar.
En la citada lira quinta también destaca el uso metafórico de «navío», metáfora fosilizada propia de la literatura universal. Entendemos que se refiere a su persona, a su trayectoria vital, a su avanzada edad que, sin duda,  lo ha conducido a exponer las sabias reflexiones que nos muestra en el poema. Junto a la citada metáfora, hemos de situar «mar tempestuoso», cuyo plano real no es otro que la vanidad del mundo, capaz de provocar los sinsabores de los que ahora huye el poeta. En esta lira apreciamos la antítesis representada por lo que ofrece la vida en el campo, opuesta a la vida en sociedad, carcomida de ambición. Este parecer del autor, presente desde el principio, se va a ir repitiendo como una idea constante corroborada en todas las estrofas. Versos principales, que aportan el verdadero sentido de la composición, es decir, el contrate al que nos hemos referido, serían:

«un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza, o el dinero.»

            Hasta la lira nueve se repite la estructura, persiste la antítesis que muestra, por un lado, lo que ansia el poeta, que se vincula con la paz y la sencillez de una vida retirada, y por otro, aquello de lo que huye.
Es la tercera parte, desde la lira 9 a la 12, un remanso, tanto en lo que representa para el poeta, como en lo descriptivo del texto. Se trata de una muestra del tópico latino que conocemos como locus amoenus, obviamente cargado de una simbología, no solo religiosa, también con reminiscencias del neoplatonismo. Nos habla de «fontana» y de «verdura», de «árboles» y de «flores». El poeta, con la emotiva descripción de la naturaleza, nos presenta aquello que ha creado Dios, que no es otro que la vida en estado puro, sin la contaminación que carcome al mismo ser humano y que proviene de la propia mano del hombre. Fray Luis, alejándose de sus prójimos, se aleja de la maldad, y acercándose a la naturaleza, se acerca a Dios. Si Dios es la máxima belleza y es bello lo que ha creado, acercándose el poeta a la belleza de la creación, también se aproxima a Dios.
En la lira duodécima el poeta nos traslada a una emoción particular que podríamos asociar a otras manifestaciones de la poesía religiosa.

«12 El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruido,
que del oro y del cetro pone olvido.»

            Se trata de la máxima expresión de paz y de armonía que encontramos en la oda. Podemos afirmar que el poeta ha alcanzado su objetivo: escapar de las banalidades y de las pasiones que sufren aquellos que no son sabios y no han encontrado la «escondida senda». Podríamos decir que Fray Luis, en su búsqueda o en su huida, ha logrado el alejamiento y el espacio para sentir a Dios, aunque no podemos decir que se alcance la unión con Dios, propia de la vía unitiva de los místicos.
Entre los recursos que emplea el autor destacamos, una vez más, el hipérbaton: «Del monte en la ladera,/ por mi mano plantado, tengo un huerto,», que trasladado a otro orden sintáctico, quedaría: Tengo un huerto plantado por mi mano, en la ladera del monte.
Dejado atrás el fragmento con mayor carga simbólica del poema nos acercamos a las estrofas finales, que configuran la tercera parte. Fray Luis vuelve a utilizar cierto esquema que ya apareció arriba. Se trata de presentar diferentes antítesis, es decir, el poeta aporta una situación negativa y acto seguido se sitúa él en la vertiente contraria.
           
13 Ténganse su tesoro                                             16 Y mientras miserable-
los que de un falso leño se confían;                           mente se están los otros abrasando
no es mío ver el lloro                                           con sed insaciable
de los que desconfían,                                          del peligroso mando,
cuando el cierzo y el ábrego porfían.                    tendido yo a la sombra esté cantando;

14 La combatida antena                                          17 a la sombra tendido
cruje, y en ciega noche el claro día                          de hiedra y lauro eterno coronado,
se torna; al cielo suena                                           puesto el atento oído
confusa vocería,                                                    al son dulce, acordado,
y la mar enriquecen a porfía.                                  del plectro sabiamente meneado.

15 A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada,
me baste; y la vajilla,
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no tiene airada.


          Valga destacar el uso del término «plectro» con valor de sinécdoque, pues representa no solo la púa con que tañer el instrumento, sino el mismo instrumento.
            Es la última estrofa donde el poeta ha querido dedicarse exclusivamente a hablar de sus deseos sin presentar antítesis. La intención ha sido la de incidir en una escena plácida para dejar, una ver terminada la composición, el eco emotivo de sus palabras.

Conclusión
Se trata de una composición en la que el autor muestra sus anhelos de paz. Los recursos que utiliza son variados, de los que destacamos el hipérbaton, la metáfora y, sobre todo, la antítesis. El poeta, como buen humanista, bebe de fuentes clásicas, no solo en los tópicos latinos: beatus ille y locus amoenus, también en lo referente al pensamiento, en concreto, del neoplatonismo.
            El poema es una sucesión de afirmaciones que encierran la sabiduría propia de la experiencia. La obra de Fray Luis nos muestra el ansia de paz, sospechamos que una paz no conseguida. Sus intentos por alejarse de las bajas pasiones lo conducen a la soledad de la naturaleza, lugar que por su belleza se aproxima a Dios. Observemos que el final, aunque no muestre una derrota, tampoco muestra el éxtasis de la plena felicidad.
            Mucho se ha dicho sobre la génesis de estos versos. Tal vez fuesen compuestos tras la salida de la cárcel y la reflexión que conlleva la pena. De ser así, podríamos comprender el desencanto del poeta hacia lo humano y su recogimiento en soledad.
            En cuanto a la estructura del poema, no podemos decir que sea plenamente ascendente, diríamos que es en las liras 9 hasta la 12 donde el poeta está más cerca de la paz buscada, por lo tanto, son estos versos los que recogen el clímax, que no el éxtasis.


Webgrafía
https://tirardelengua.wordpress.com/2011/11/30/oda-1-oda-a-la-vida-retirada-que-descansada-vida/
http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/15/15_0324.pdf


[1] Del 27 de marzo de 1572 al 7 de diciembre de 1576
 




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