jueves, 8 de octubre de 2015

Recoge ya en el seno





Oda XI


1 Recoge ya en el seno                                                          5 alarga el bien guiado
el campo su hermosura, el cielo aoja[1]                                  
paso y la cuesta vence y solo gana
con luz triste el ameno                                                            
la cumbre del collado
verdor, y hoja a hoja                                                              
y, do más pura mana
las cimas de los árboles despoja.                                           
la fuente, satisfaz tu ardiente gana;

2 Ya Febo[2] inclina el paso                                                 
6 no cures si el perdido
al resplandor egeo[3]; ya del día                                            
error admira el oro y va sediento
las horas corta escaso;                                                          
en pos de un bien fingido,
ya Éolo[4] al mediodía[5],                                                     
que no ansí vuela el viento,
soplando espesas nubes nos envía;                                        
cuanto es fugaz y vano aquel contento;

3 ya el ave vengadora                                                            
7 escribe lo que Febo
del Íbico[6] navega los nublados                                            
te dicta favorable, que lo antiguo
y con voz ronca llora,                                                             
iguala y pasa el nuevo
y, el yugo al cuello atados,                                                    
estilo; y, caro amigo,
los bueyes van rompiendo los sembrados.                                          no esperes que podré atener[1] contigo,


[1] Acercarse.   

4 El tiempo nos convida                                                        
8 que yo, de un torbellino
a los estudios nobles, y la fama,                                              
traidor acometido y derrocado
Grial, a la subida                                                                    
del medio del camino
del sacro monte llama,                                                            
al hondo, el plectro amado
do no podrá subir la postrer llama;
                                          y del vuelo las alas he quebrado.




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Monte Parnaso

Contextualización

Juan de Grial
Georgianas (Virgilio)
Humanismo
Métrica italiana

Introducción

Se trata de un poema de Fray Luis de León. La composición está dedicada a su amigo, el licenciado Juan de Grial, editor y humanista. Tanto el tema, la forma, como el motivo, son propios de la literatura renacentista.


Tema

El tema del poema es el de la amistad. El poeta envía a su amigo sabios consejos al tiempo que ánimos para que este escriba.


Estructura externa

La composición de Fray Luis se compone de ocho liras, con su estructura característica: 7a, 11B, 7a, 7b, 11B y la rima consonante. Aunque el uso del encabalgamiento es habitual en los versos de Fray Luis, llama la atención cuando se encuentra, como es el caso, uniendo diferentes estrofas, como sería en las liras 2 y 3, así como de la 4 hasta la 8.


Estructura interna

El poema se divide en tres partes. Las tres primeras liras constituyen la primera. En ella, igual que en otras composiciones del poeta agustino, se centra en aspectos previos a lo fundamental del poema, como sería la descripción emotiva del momento estacional. En la segunda parte, desde la cuarta lira hasta el verso 34 («caro amigo»), que es donde el poeta le pide a su amigo que se lance a la escritura. Empezaría la tercera parte de la composición, hasta el final, a partir del citado verso. Aquí apreciamos el contraste con la propuesta anotada para Grial, pues el autor se manifiesta incapaz en esos momentos. 

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Febo, a quien se identifica con el sol y, en ocasiones, con Apolo.
Análisis

En los primeros versos el poeta nos sitúa en la estación otoñal. Lo hace aportando la imagen fundamental que dice:

«hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.»

En ese mismo sentido encontramos la alusión a Febo, dios del Sol, y la afirmación: «ya  del día/ las horas corta escaso;», así como: « y, el yugo al cuello atados,/ los bueyes van rompiendo los sembrados.»
            La segunda estrofa emerge con la intención de incrementar el ritmo de la composición, ayudándose en tal cometido con el uso de la anáfora: «Ya  Febo» (v.6), «ya del día» (v. 6) «ya Éolo» (v.9), «ya el ave vengadora» (v.11). La idea rítmica anotada se refuerza con otra anáfora, esta vez con el uso del polisíndeton «y», de los versos 13 y 14.
            A lo largo de la composición son numerosas las alusiones mitológicas, acogiéndose el autor a los preceptos renacentistas. Así, pues, tales alusiones sirven para ilustrar el caso del que se ocupa el poeta. Estas menciones son para Febo, Éolo, Íbico y el monte Parnaso. Para este último, destaquemos el fervor poético, al llamarlo «sacro monte».
            Entre los recursos más destacados en el poema, observamos el uso del hipérbaton, que ya encontramos en el primer verso: «Recoge ya en el seno/ el campo su hermosura». Reordenándolo, sintácticamente, tendríamos: «el campo ya recoge su hermosura en el seno». Otras muestras las obtenemos en la segunda lira:
Eolo, dios del viento
«(…) ya  del día
las horas corta escaso;
ya  Éolo   al mediodía,
soplando espesas nubes nos envía;»

cuya prosificación nos daría: «el día escaso ya corta las horas», y «Éolo ya nos envía soplando espesas nubes». Con este uso del hipérbaton, el autor antepone unas palabras a otras en función de lo que pretenda subrayar.
            También es un recurso destacado el apóstrofe, presente en los verbos y en las invocaciones, «Grial» (v. 23) y «caro amigo» (v. 34). Recordemos que en veintiuna de las veintitrés composiciones de Fray Luis de León, que podemos confirmar como suyas, el poeta se dirige a un receptor en un apóstrofe. Con este recurso aparece el poeta más sincero a la vez que próximo.
            A partir de la cuarta estrofa, entrados en la segunda parte, el poeta intensifica el ritmo mientras utiliza el apóstrofe. Adquieren enfatizada importancia los verbos: «alarga», «vence», «gana», «satifaz», «no cures», «admira», «escribe», que son imperativos a la vez que sinceros consejos del poeta. Y después del ritmo adquirido, básicamente con el uso de los verbos, el poeta añade un elemento primordial, su presencia, hasta ahora ausente. Desde el verso 35 se refleja en los versos, «no esperes que podré atener contigo», para continuarse en la última lira, donde encontramos al poeta como víctima de un agravio impreciso, dado que hace uso de la metáfora «torbellino», y que el lector puede conjeturar buscando momentos en la biografía del poeta, que pudieran haber sido decisivos. Algunas de estas elucubraciones situaban a Fray Luis en prisión en los momentos de la escritura, con lo cual se justificaba que el poeta no pudiese participar de aquello que propone para su amigo, situación que Emilio Alarcos[1] desmiente.
            Es la metáfora otro de los recursos socorridos en el poema, como la citada «torbellino», o bien, la ya fosilizada «camino», con tantas reminiscencias de la Divina comedia, «del medio del camino» (v. 38). Aquí se alude a una paz o sosiego, frente a la expresión «al hondo», con la que se forma una antítesis. Sin olvidar el término «alas», (que en el verso se muestran imposibilitadas), metáfora para aludir, si hubiese sido posible, a la ocasión de acompañar al amigo en el propósito que el poeta le expresaba.
            La personificación es otra característica frecuente en el poema. Leemos que el cielo «despoja» (v. 5), que el día corta las horas (vv.7 y 8), que el«ave vengadora» (v. 11) con «voz ronca llora» (v. 13), que «El tiempo nos convida».
            En la obra del Luis de León, común es, sin ninguna duda, la presencia del epíteto. Leemos en el tercer y cuarto verso: «Ameno verdor», «caro amigo» y «torbellino traidor» en los versos 36 y 37, donde lo implícito del sustantivo se destaca a través del adjetivo.

Conclusión
La Oda XI de Fray Luis de León trata el tema de la amistad. La estructura que el poeta ha seguido es la de ir introduciéndonos en unas circunstancias temporales, adecuadas para el recogimiento que requiere la creación literaria. A continuación, haciéndose servir del principal recurso utilizado, el apóstrofe (pues ocupa gran parte del poema), apunta su reflexión invocando al amigo para que se dedique a escribir. Desde el verso treinta y cinco hasta el final nos detenemos en la presencia del poeta. Es decir, asistimos a un giro inédito hasta el momento. Parece que, uniéndose a la manifestación de amistad, el poeta muestra su hondo abatimiento.

Webgrafía


file:///C:/Users/Admin/Downloads/Dialnet-UnaOdaDeFrayLuisDeLeon-136159.pdf



[1] Hechiza
[2] En la mitología latina, dios del Sol (Apolo).
[3] El décimo signo del zodíaco es Capricornio. La palabra Aigokeros (en griego significa cabra, macho cabrío), de donde aparece egeo (de la cabra), y keros, cuernos
[4] Dios del viento.
[5] Se refiere al Sur.
[7] Acercarse.

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