domingo, 29 de noviembre de 2015

Ir y quedarse, y con quedar partirse



Lope de Vega (1609)[1]

Soneto LXI

Ir y quedarse, y con quedar partirse,                            
Resultado de imagen de ausencia
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse 
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.


Introducción

Lope de Vega es el autor de esta composición. Aparecerá publicada en Rimas, en 1609. Se trata de unos versos que hablan del amor. Probablemente, sean fruto de la relación que mantuvo con Elena Osorio. En esos momentos, Lope está en la cárcel o, quizá, sufriendo el destierro al que fue sometido, después de ser denunciado por el padre de Elena, Jerónimo Velázquez. De ahí la palabra clave del poema, que aparece hacia el final, «ausencia». Dice Alonso Zamora Vicente:
«Los primeros días de 1588 (Lope de Vega tiene 25 años recién cumplidos) los pasa nuestro escritor en la cárcel. Había sido detenido el 29 de diciembre anterior, en el Corral de la Cruz, durante una representación. Y lo había sido a petición del director de teatro Jerónimo Velázquez, quien le acusaba de ser autor de una serie de libelos en los que se difamaba al propio Velázquez y a sus deudos[2]».



Tema

La nostalgia hacia el ser amado.

Estructura externa

El poema es un soneto, cuya estructura métrica es la habitual, es decir, ABBA, ABBA, para los cuartetos y, en este caso, CDE, CDE, para los tercetos; siempre con rima consonante en todos los endecasílabos.

Estructura interna

Observamos que la división en partes que nos ofrece el soneto no se ajusta a la estructura, en ocasiones común, de cuartetos y tercetos. En este poema la primera parte alcanza hasta el verso 12. Hasta el citado verso se organizaría el sujeto, como si el conjunto se pudiese sintetizar en una expresión cercana a todo eso, y a partir de aquí, nos encontramos con el único verbo conjugado («es»), ya no en forma no personal (infinitivo o gerundio). En este primer apartado el poeta manifiesta un estado emocional complejo a través de diferentes recursos estilísticos. Son una serie de sensaciones que se concretan en las aclaraciones que aparecerán en la segunda parte, es decir, en los dos últimos versos.

Análisis

El soneto presenta en muchos de sus versos elementos opuestos, bien como antítesis, bien como oxímoron o como paradoja. El poeta busca mostrarse como un ser que padece los sinsabores del amor. Es el suyo un estado anímico doloroso, inquieto, perturbado por los vaivenes del amor, por ello, pretende Lope, a través de los elementos opuestos, acercar a los lectores esa confusión que él está viviendo.
            Ya en el primer verso nos topamos con la antítesis «Ir y quedarse», que se refuerza con el oxímoron «con quedar partirse». A partir de ese verso, serán habituales las contradicciones que presente el poeta.
            Como es usual en el Renacimiento, así como en el Barroco, también en estos versos encontramos alguna alusión a la tradición clásica. En este caso se refiere a Ulises amarrado al palo para escuchar sin peligro de lanzarse al mar, a las sirenas.

«oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse» (vv. 3 y 4)

            La idea es aprovechar aquello que nos ofrece la tradición para que el poeta pueda ilustrar su situación conflictiva.
            Junto a los frecuentes recursos en los que observamos la contradicción, otro elemento destacado es el uso del polisíndeton, que encontraremos en diez ocasiones a lo largo del soneto. La intención no es otra que la de mostrar el dolor del poeta como una suma de elementos negativos, ralentizándose cuando se introducen con la «y», con lo cual, el recurso pretende aumentar la intensidad del sufrimiento en el poeta.
            Valga destacar, en el segundo verso, la construcción bimembre, «partir sin alma, y ir con alma ajena». Siguiendo las referencias cristianas, «partir sin alma» sería imposible, con lo cual, nos encontramos ante una hipérbole; pero si, además, como dice la segunda parte del verso, «ir con alma ajena», resultaría otro imposible, es decir, de nuevo, hablaríamos de hipérbole; aunque el verso, en su conjunto, nos está aportando una paradoja, que incide en la susodicha idea de mostrar el dolor del autor de los versos.
            Es considerable y válido para todo el poema la proliferación del verbo en infinitivo. En total son veinte veces. Con el uso que el poeta le da al infinitivo pretende darle al poema un valor universal. Aunque sabemos que Lope  habla de sí mismo, él no personaliza. Nos dice en una forma verbal que deja las puertas abiertas al lector, tal vez para que este se identifique con la experiencia que nos brinda el autor.
            El segundo cuarteto se abre con el verbo «arder», formando un símil con el segundo elemento de la comparación, que será, «vela». Entendemos que ese verbo muestra un doble sentido. Si por un lado alude al amor como posibilidad de ser vivido, también alude a la idea de agotarse, es decir, de la finitud de la «vela». No se trata de una hoguera ni de una llama, sino a lo mortecino y mínimo, del presente, que implica la menuda llama de una vela.
            La idea que encierra el verso sexto, «haciendo torres sobre tierna arena», da fe de las pocas esperanzas que mantiene el poeta en su relación amorosa. Se deduce que, por su parte, el amor vive, pero sin esperanzas de futuro, pues construir sobre una base inestable no augura la seguridad de un basamento estable.
            Sobre los versos 7 y 8, valga decir que muestran la contradicción propia del Barroco, que en parte juega con cierto conceptismo propio de la poesía de cancionero. Dice el poeta:

«caer de un cielo, y ser demonio en pena
y de serlo jamás arrepentirse»


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La imagen que percibimos es la de un ser que sufre, que partiendo de la grandeza del ángel, acaba en lo contrario, en un demonio. Para ello, Lope se vale de otra alusión, aquí la alusión es a la Biblia, en clara referencia a Luzbel. Y el cuarteto se cierra en esa idea barroca de asumir el dolor de la no correspondencia amorosa, pero aun así, no cejar en vivir la contradicción.


Llegados al primer terceto, se mantiene el recurso de los elementos encontrados: «hablar» y «mudas»,  «fe» y «paciencia», «temporal» y «eterno». Se trata de tres antítesis que siguen reforzando la idea del vaivén interior del poeta. La primera antítesis nos lleva a situarnos ante un ser abandonado, próximo a la irracionalidad, pues nos está diciendo que habla solo. En el verso décimo trata de desesperanza, de ya no creer en la recuperación de la armonía perdida, y es por ello que pide la paciencia que ha perdido, para avivar la fe. En cuanto a la tercera antítesis, el poeta, sabedor de la brevedad del amor, aun así, no admitiéndolo, persevera y anota el adjetivo «eterno», más como un deseo que como una realidad. Por otro lado, este verso 11, también podría ser interpretado en relación a la subjetividad, es decir, el valorar como eterno, no solo sus deseos en este amor, sino que se refiera al intenso dolor que siente, con lo cual se mostraría una valoración hiperbólica.
            La confusión del poeta también se percibe en la estructura bimembre del verso 12: «creer sospechas y negar verdades». Tanto su estructura como la antítesis del verso nos hablan de un personaje que alimenta su esperanza en lo irreal, pues cree más en lo que no es, que en lo palmario.
Los versos trece y catorce provocan un giro en el poema. Hasta aquí los versos persistían en  mostrar al poeta presa de los conflictos del amor. Esa situación se describía, básicamente, con el contraste que generaban los elementos opuestos; sin embargo, en estos últimos versos, Lope concreta su dolencia de lo que podría parecer consecuencia de la no correspondencia amorosa. Ahora conocemos el origen, que no es otro que la ausencia de ella. Son tres las expresiones que nos presenta Lope: «ausencia», «fuego en el alma» e «infierno». Todo lo doloroso de los elementos que hemos visto diseminados a lo largo de los cuartetos y el primer terceto se recogen, significativamente, en el último término del poema, en «infierno». En el vocablo infierno, pretende el poeta, así como nuestra cultura, reunir dolor, pena y un sinfín de palabras todas ellas de connotaciones negativas; pues se trata del sumun del sufrimiento. A lo largo de la composición, el dolor se ha manifestado en varias ocasiones en términos asociados al fuego «arder» y «vela», para el verso quinto; «demonio», en el octavo; «fuego» e «infierno» para el último verso. Así, el poema aprovecha la iconografía cultural, concretamente, la religiosa.
Las circunstancias llevan a consecuencias mayores. Sabemos que Lope será desterrado de la corte, con lo cual el alejamiento de Elena es evidente. Podemos decir que en ausencia de ella, el poeta compone estos versos.

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Conclusión

Como es habitual en la obra de Lope, versos y realidad quedan fundidos. La ausencia de la amada lleva al poeta a crear una composición en la que a través de los elementos contrarios nos aproxima su estado. La tensión del poema se mantiene hasta que llegamos al final, donde comprendemos que toda la exposición de los 12 primeros versos preparaban el clímax del poema. El léxico sigue un registro poco elaborado, pero no por ello pobre. El conceptismo barroco arropa la idea del sufrimiento y la de persistir en el tormento amoroso. Ese dolor se ha representado en una serie de recursos que aportan la idea de un alma compleja.

Webgrafía





[1] 1609 es la fecha de la publicación de Rimas. La fecha de composición estaría entre 1587 y 1588.
[2]http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/lope-de-vega---su-vida-y-su-obra-0/html/ff6cd9f4-82b1-11df-acc7-002185ce6064_27.html

4 comentarios:

  1. Hola,
    ¿En dónde se intuye en el poema que la aflicción es por un ser amado?
    Lo que mi me induce a pensar es en la pérdida de la virtud.

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