jueves, 19 de noviembre de 2015

Mira, Zaide, que te aviso



 Lope de Vega (1614)


«Mira, Zaide, que te aviso                         porque quieren los briosos,                                                que no pases por mi calle                          que rompan y que desgarren; 40
ni con mis cautivos trates,                          mas, tras esto, Zaide, amigo,                                             ni hables con mis mujeres,                         si algún convite te hacen,
ni preguntes en qué entiendo 5                   al plato de sus favores,
ni quién viene a visitarme,                          quieren que comas y calles.
qué fiestas me dan contento                       Costoso me fue el que heciste; 45
o qué colores me placen;                           enturoso fueras, Zaide,
basta que son por tu causa                        si conservarme supieras
las[1] que en el rostro me salen, 10
           como supiste obligarme.
corrida[2] de haber mirado                       Apenas fuiste salido
moro[3] que tan poco sabe.                      de los jardines de Tarfe 50
Confieso que eres valiente,                        cuando hiciste de la tuya

que hiendes[4], rajas y partes                    y de mi desdicha alarde.
y que has muerto más cristianos 15            A un morito mal nacido
que tienes gotas de sangre;                        me dicen que le enseñaste
que eres gallardo jinete,                             la trenza de mis cabellos 55
que danzas, cantas y tañes,                       que te puse en el turbante.
gentil hombre, bien criado                         No quiero que me la vuelvas
cuanto puede imaginarse; 20                      ni quiero que me la guardes,
blanco, rubio por extremo,                        mas quiero que entiendas, moro,
señalado por linaje,                                  que en mi desgracia la traes. 60
el gallo de las bravatas,                             También me certificaron
la nata de los donaires,                             cómo le desafiaste
y pierdo mucho en perderte 25                 por las verdades que dijo,
y gano mucho en amarte,                         que nunca fueran verdades.
y que si nacieras mudo                             De mala gana me río; 65
fuera posible adorarte;                             ¡qué donoso disparate!
y por este inconveniente                           No guardas tú tu secreto
determino de dejarte, 30                          ¿y quieres que otro lo guarde?
que eres pródigo de lengua                       No quiero admitir disculpa;
y amargan tus libertades[5]                       otra vez vuelvo a avisarte 70
y habrá menester ponerte                         que esta será la postrera
quien quisiere sustentarte                          que me hables y te hable.»
un alcázar en el pecho 35                          Dijo la discreta Zaida
y en los labios un alcaide.                          a un altivo abencerraje[7],
Mucho pueden con las damas                   y al despedirle, repite: 75
los galanes de tus partes[6],                     «Quien tal hace, que tal pague.» 

                                                                

                                   

                           
Introducción

El autor del poema es Lope de Vega (1562-1635). Como solía, el poeta vierte en verso sus experiencias amorosas. En estos, el fingimiento consiste en recrear una situación propia de los romances moriscos. La traslación a la realidad nos lleva a los amores del poeta y Elena Osorio, quien en otros versos, ella aparece con el nombre, Filis. El poeta se oculta detrás de un personaje. Se finge una escena de ambiente morisco para contar un suceso real[8]. Se entiende que Lope lanzó al vuelo comentarios en los que se aireaba su relación con Elena Osorio, aquí, Zaida, lo cual le llevó a la dama a decir tanto como lo leído en el poema.
            Recordemos que allá por el siglo XVI, la corriente novelesca y romancista que trataba sobre la vida de los moriscos tenía una buena recepción entre el público. La misma historia que nos cuenta Lope será aprovechada por Ginés Pérez de Hita (Mula, Murcia, 1544 - 1619), autor del momento, para recrear las ensoñaciones moriscas. Es más, Pérez de Hita incluye en su obra algunos de los romances de temática morisca que compuso Lope, entre estos, el que vamos a comentar. Ello es prueba de la transcendencia que tuvieron los versos del Fénix de los Ingenios.

Tema

Admonición y ruptura de una relación amorosa.

Estructura externa

Los versos forman un romance con la estructura habitual, es decir, 8-, 8a, 8-, 8a, con la rima asonante en los versos pares, quedando libres los impares. Se trata de una tirada que se corresponde con una escena. Destacamos el predominio del carácter narrativo, como todo romance, aquí con el predominio de la intervención de un personaje, así como la presencia del narrador. Tengamos presente, en este ejemplo, que se trata de un romance nuevo; o sea, una composición que sigue la técnica tradicional, pero firmado por un autor.

Estructura interna

Gráficamente observamos tres partes, la primera la ocuparían los versos desde el 1 al 72, y se corresponden con la intervención del personaje, Zaida; a continuación, una parte breve en la que interviene el narrador: versos 73-75; para finalizar con el último verso, en el que de nuevo surge la voz de Zaida (v. 76).
       De cualquier modo, dentro de la primera parte, que es la más extensa, podríamos encontrar subapartados. Desde el primer verso hasta el 12, Zaida envía una serie de admoniciones a Zaide. Del 13 al 24, ella lo describe. Desde el 25 al 60 se alude a lo lenguaraz que él ha sido. Del 61 al 72, debido a la incontinencia verbal de Zaide, se muestran las consecuencias para él.

Análisis

El romance recoge una historia sucedida en Granada durante el reinado musulmán. Zaide, enamorado de Zaida, recibe de esta la trenza, de cabellos dorados, como prueba de su amor. Llevado él por su alegría se la enseña a Tarfe, quien no tarda en dar a entender a Zaida que es una mujer de dudosa honradez, lo cual desata en ella la furia que le lleva a decir lo que nos cuenta el romance.
Es característico de la poesía tradicional, en este caso del romance, las repeticiones sintácticas, como el paralelismo, también las anáforas o el polisíndeton. Todos estos recursos también aquí están presentes.
            Prácticamente todo el poema es un apóstrofe de Zaida dirigido a Zaide. Ya el primer verso muestra una firmeza por parte de la dama que nos habla, y tal contundencia se reafirma en el polisíndeton «ni», que se repite en los versos del 3 al 6. Con tal negación, se desgrana todo aquello que ella le prohíbe a Zaide. Pero no termina aquí el uso del polisíndeton en este poema. Hay que decir que toda la composición está salpicada de la conjunción «y», cuya función no es otra que prolongar una extensa lista que recoge todo aquello que Zaida detesta del caballero; obsérvense los versos 15, 25, 26, 27, etc.
            Tal vez el segundo verso aluda al hecho real de que Lope fue obligado por la Justicia a mantener una orden de alejamiento respecto a Elena Osorio. Leemos:
«que no pases por mi calle»
            En el verso 11 se constata que nos habla una mujer. Lo sabemos a través del adjetivo, «corrida». Observamos a una dama herida por la actitud de Zaide, en este caso mediante un hipérbaton que abarcaría los versos desde el 9 al 12. Dice: «basta que son por tu causa/ las[9] que en el rostro me salen,/ corrida[10] de haber mirado/ moro[11] que tan poco sabe.», cuya transcripción y adaptación podría ser:
Estoy avergonzada por haber mirado al moro que tan poco comprende.
        Desde los versos 13 hasta el 24, asistimos al retrato de Zaide, en el que se combinan tanto elementos físicos (prosopografía) como psicológicos (etopeya). Dentro del retrato aparecen dos metáforas. Por un lado, Zaida llama a Zaide, «el gallo de las bravatas» (v.22), para acentuar el carácter pendenciero del examante, como una más de las notas negativas; y «la nata de los donaires» (v. 23), para contrarrestar, aquí con la nota positiva. Destaquemos que en este verso se recoge una rima interna, pues «bravatas» rima con «nata», con lo que ello aporta para intensificar a través del ritmo los rasgos que se muestran en el dibujo completo. Para acabar de perfilar el retrato, el autor se vale de la anáfora. Así la vemos en los versos 16 al 18. Leemos:


«que tienes gotas de sangre;
que eres gallardo jinete,
que danzas, cantas y tañes,»

            Hablábamos de paralelismo y destacábamos que se trataba de un recurso característico de la poesía popular. En los versos 25 y 26 encontramos buena muestra de ello, intensificado con la rima de las consonantes y una vocal.


«y pierdo mucho en perderte
y gano mucho en amarte,»


            El paralelismo, como sucedía con la rima interna, subraya las palabras del verso, aquí, la situación emocional de Zaida, respecto a Zaide. Con esa finalidad se recoge también la derivación del verso 25: «pierdo» y «perderte».
Más adelante, en los versos desde el 27 al 30, sabremos el motivo de la ruptura de los amantes:

«y que si nacieras mudo
fuera posible adorarte;
y por este inconveniente
determino de dejarte»


            Zaide ha hablado más de lo debido, aireando una relación que a ella no le interesaba que se diera a conocer. En el verso siguiente se repite la idea a través del circunloquio o perífrasis, una forma conceptista, tan propia del Barroco, utilizada para no caer en repeticiones de tipo léxico.
  «que eres pródigo de lengua»
            Ya en los versos desde el 33 al 36 observamos la presencia de una imagen que recoge dos metáforas:

«y habrá menester ponerte
quien quisiere sustentarte
un alcázar en el pecho 35
y en los labios un alcaide.»

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            Entendemos que un alcázar en el pecho para encarcelar el corazón y así Zaide no pueda traicionar a nadie más, y el alcaide en los labios para evitar impertinencias. Recordemos que en el verso 14 aparecía el verbo rajar, como una dilogía, teniendo el sentido de abrir, pero también de hablar demasiado. Con ese mismo significado encontramos el verbo «desgarrar» en el verso 40. La mujer insiste en gran parte del poema en mostrar a su examigo como un personaje largo de lengua, por lo que buscará diferentes formas para no caer en la repetición.
            El poema continúa mostrándonos a un Zaide que no ha sabido guardar un secreto, y al tiempo que continúa Zaida su diatriba, ella también va aportando información sobre sí misma. Dice en el verso 48: «como supiste obligarme», con lo cual se aporta otra característica, tanto para ella, como para el seductor.
            Llegados al verso 50, leemos, «jardines de Tarfe». Se refiere a Tarfe[12], amigo de Zaide, aunque en este suceso lo traicionase. Más adelante leemos: «A un morito mal nacido» (v.53), según el texto tradicional se refiere al susodicho Tarfe, a quien Zaide acababa de visitar y de mostrarle la trenza que Zaida le guardó en el turbante. La valoración que realiza la mujer sobre Tarfe se debe a que él, como en el caso de Zaide, también va comentando las relaciones entre ella y el amigo.
            En los versos 57 y 58, nos encontramos con otro paralelismo, para acentuar el ritmo y la gravedad del personaje ofendido. Dice:


«No quiero que me la vuelvas
ni quiero que me la guardes,»


            Una paradoja nos llega en los versos 63 y 64. Se trata de cierto juego conceptista: «por las verdades que dijo, / que nunca fueran verdades». Zaida se refiere a que Tarfe dijo como verdad que ella se había ofrecido a Zaide, lo cual, en el siguiente verso queda desmentido por la misma mujer, así como reforzado más adelante, en el verso 66, cuando refiriéndose a la acusación, dirá ella: «¡qué donoso disparate!».
            Y cerrando la primera intervención de la mujer ofendida, el autor crea este verso con una derivación del verbo hablar: «que me hables y te hable».
            Llegados al último verso, leemos: «Quien tal hace, que tal pague». Se trata de una forma de cierre en la que el autor ha querido describir, una vez más, a la dama como una persona resolutiva. Para ello el poeta se sostiene, en gran medida, en una estructura bimembre, así como en una rima interna en asonante.

Conclusión

Vida y literatura se dan la mano cuando hablamos de Lope de Vega. Su caso particular queda literaturizado, como si no pudiendo guardárselo entre los secretos, el poeta tiene que lanzarlo al ruedo del papel. Este ejemplo es válido para ilustrar lo que decimos, como también es válido como muestra del quehacer de su época que, como en Góngora o Quevedo, entre otros renuevan el romancero; es decir, partiendo de las formas tradicionales, recrearán historias nuevas.
            Como todo romance, este también sigue la forma narrativa, aun con secuencias dialogadas e incluso líricas. Los recursos destacados son de tipo sintáctico, e incluso metafórico. La tensión poética, el clímax, no se guarda hasta el final, sino que se diluye a lo largo de todos los versos.


Webgrafía



[1] Se refiere a colores, pues para el color del rostro se utilizaba el femenino.
[2] Avergonzada.
[3] Se refiere a Zaide.
[4] Cortas.
[5] Atrevimientos.
[6] Los que son como tú.
[7] DRAE: Miembro de una familia del reino musulmán granadino del siglo XV, rival de la de los zegríes.
[9] Se refiere a colores, pues para el color del rostro se utilizaba el femenino.
[10] Avergonzada.
[11] Se refiere a Zaide.
[12] Personaje que en la recreación de Ginés Pérez de Hita, Guerras civiles de Granada, es llamado Audalá Tarfe.

4 comentarios:

  1. Encuentro muy buenos comentarios en este bloc! quiero agradecérselo al autor de éste, pienso que me ira muy bien para estudiar. Gracias de nuevo

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    1. Muchas gracias, Antonio. Espero poder ayudarte. Un abrazo.

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  2. Fantásticos los comentarios de los poemas, de los mejores que estoy encontrando por Internet. Están realmente completos y bien redactados, son muy fáciles de entender y de aplicar. Muchísimas gracias al autor, estoy preparándome para la selectividad y estos textos son mano de santo.
    Tiene usted a una fiel seguidora.
    Un saludo!

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  3. Gracias, Maria. De hecho decidí colgar los comentarios para facilitar el estudio a mis alumnos y, por extensión, también a aquellos que no lo son. Un abrazo.

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