jueves, 3 de diciembre de 2015

Soneto de repente / Un soneto me manda hacer Violante

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Lope de Vega
                                               
                                               Soneto de repente

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto; 
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho

Introducción

El autor es Lope de Vega, poeta polifacético tanto en géneros literarios como en subgéneros dentro de la lírica. Lope es uno de los grandes representantes en la poesía, así como en el teatro, de finales del Renacimiento y principios del Barroco español. Este soneto aparece por primera vez en una comedia menor del Fénix, que lleva por título, La niña de plata[1]. Era habitual, entre los poetas de la época de Lope, el divertimento literario consistente en ir jugando con las palabras hasta formar la composición, para después fingir la sorpresa ante el resultado bien conseguido.[2] El Barroco presenta este tipo de ironía conceptista como un alarde de capacidad a la vez que juego literario.

Tema

El tema del poema es la metapoesía, es decir, en poesía se habla de poesía. Se realiza desde la ironía del juego cortesano. Otra característica que debemos apuntar es que se trata de un poema desprovisto de sentimientos.


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Estructura externa

La composición de Lope de Vega es un soneto, tal y como se dice en los mismos versos, cuya estructura métrica es la habitual, es decir, ABBA, ABBA, para los cuartetos y, en este caso, CDC, DCD, para los tercetos; siempre con rima consonante en todos los endecasílabos. Valga destacar la presencia de dos rimas internas en el segundo cuarteto y otra para cada terceto.

Estructura interna

La composición mantiene una unidad formal. En todas las estrofas el autor muestra, a través de la falsa modestia, la dificultad del encargo con el logro que va consiguiendo. En paralelo, dificultad y resultado, avanzan para describir que se trata de un soneto, al tiempo que el poeta va realizando observaciones sobre los avances y el recorrido que va superando, hasta lograr esa breve historia que sucede delante de los ojos del lector.

Análisis

En el primer verso ya conocemos el propósito que lleva al poeta a crear un soneto, pues no es otro que una petición solicitada por una dama llamada «Violante». El autor se mostrará en un falso apuro, a modo de falsa modestia, para satisfacer la petición de la dama: «que en mi vida me he visto en tanto aprieto» (v. 2). Esta estrofa, como el resto del poema, no presenta abundancia de recursos estilísticos, al contrario, la llaneza, tanto del léxico escogido como de la sintaxis crean la verosimilitud de una improvisación. En esa misma línea, en el cuarto verso se lee una derivación propia de un coloquialismo: «burla burlando», que aportan ritmo a los versos, así como una hipotética espontaneidad.
            Sobre el segundo cuarteto se puede decir que el término «consonante» tiene valor de sinécdoque, pues aunque el vocablo es una parte de los diferentes elementos que encontramos en un soneto, aquí representa algo más, representa el cúmulo de dificultades que conlleva la creación de un poema. Llama la atención en el lector la exactitud que presentan las circunstancias expuestas en los versos: nos referimos al susodicho término, «consonante», pues coincide al final del verso y con ese tipo de rima; lo mismo que el final del séptimo verso coincide la medida con el contenido. Leemos: «y estoy a la mitad de otro cuarteto;».
            Como anotábamos arriba, en este cuarteto observamos la presencia de dos rimas internas. En el séptimo verso nos topamos con la palabra «veo», que mantiene una correspondencia asonante con «cuarteto» y «terceto» (vv. 6 y 7), y se refuerza con la segunda rima interna, esta vez en consonante, «cuartetos» (v. 8). Esta reduplicación de la rima intensifica el ritmo del poema y aporta elementos propios del juego literario que nos ofrece Lope.
            En el primer terceto nos encontramos con otra derivación. Entrados ya en los versos 9 y 10, comprobamos el recurso léxico en la perífrasis de acción en desarrollo, «voy entrando» y de un tiempo verbal de acción finalizada, «entré». Como sucedía en el segundo cuarteto, también en el primer terceto encontraremos una rima interna, ahora en asonante, que no es otra que la de la palabra «verso», que mantendrá su correspondencia en /eo/ con el término, «derecho» del verso 11.  La finalidad no es otra que la ya anotada para el segundo cuarteto.
            En el segundo terceto destacamos dos recursos, uno de ellos ya recurrente en el poema, como es el de la rima interna, que de nuevo, como observábamos en el primer terceto, ofrece la asonancia de, aquí en plural, «versos», para reforzar la rima con «sospecho» y con «hecho». Esa intensificación del ritmo aporta un redoble al broche final del poema, como un alarde más de los que Lope, a pesar de la falsa modestia que salpica el poema, es capaz de ofrecer.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos  acabando;
contad  si son catorce, y está hecho.

Sumado a ello, una vez más, se aprecia otro coloquialismo, «entré con pie derecho» (v.10), que persiste en la idea de supuesta espontaneidad e improvisación, con lo cual evitaría, por coherencia, la presencia de un registro léxico elevado.
Es importante detenernos en el imperativo «contad», que nos corrobora que todo el poema era un apóstrofe dirigido a los lectores. Lope nos deja ante nuestros ojos los versos para que como jueces valoremos su logro. Lo que se presentaba arriba como gran aprieto desde la falsa modestia del poeta es ahora la demostración de su gran habilidad.
De la misma manera que en versos anteriores, el autor busca la coincidencia entre sus palabras y el punto concreto en el desarrollo de sus verso; es decir, nos cuenta el desarrollo que va teniendo en su construcción el soneto, de nuevo, en la última palabra del poema, «hecho», coinciden el vocablo con el punto de desarrollo, aquí, justamente con el final.

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Conclusión

Lope de Vega nos ha presentado un soneto creado, aparentemente, en un juego literario. En ese mismo juego pretende situarse ante una gran dificultad, que superará con creces. El poeta ha buscado dirigirse al lector con una supuesta espontaneidad, como si fuese la misma casualidad la que lo ha llevado a finalizar su objetivo. En esa intención funcionan el léxico escogido y la sintaxis e, incluso, expresiones de carácter coloquial, como también el fingimiento del poeta, quien parece no detenerse en buscar las palabras ni las rimas, sino que en la misma búsqueda se completa el poema. Se trata de un soneto de circunstancias, lejos de manifestar ningún tipo de sentimientos o de emoción profunda; pura habilidad de un poeta que se permite mostrarnos su maestría con las palabras. El poema nos cuenta desde un punto de vista casi narrativo la preocupación del autor por alcanzar su tarea, crear un soneto.


Webgrafía






[1] Fechada entre 1607 y 1612.
[2] Otros ejemplos anteriores a Lope los tenemos en Diego Hurtado de Mendoza y Baltasar del Alcázar.

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